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En Perú, hablar de sostenibilidad en alimentos ya no es un tema “de moda”. Es una necesidad bastante concreta. Y tiene sentido: somos un país con enorme capacidad productiva —basta ver el crecimiento de nuestras agroexportaciones—, pero al mismo tiempo arrastramos un problema silencioso que impacta toda la cadena: el desperdicio.
Para ponerlo en números claros, la FAO estima que en el país se pierden más de 12 millones de toneladas de alimentos al año. Es una cifra que golpea, sobre todo porque no estamos hablando de escasez, sino de ineficiencia en el aprovechamiento.
Cuando se habla de desperdicio, muchos piensan en supermercados o en comida que no se consume. Pero en Perú, el problema empieza mucho antes.
Se pierde producto en:
De hecho, algunos análisis muestran que en ciertas cadenas agrícolas se puede perder hasta un 45% de la producción en etapas tempranas, algo que recoge el portal AgroPerú en un análisis sobre bioeconomía circular.
¿El resultado? Menos ingresos para productores, mayor presión en precios y, sobre todo, un uso poco eficiente de recursos como agua, energía y suelo.
Aquí es donde entra la economía circular. Y no como concepto bonito, sino como algo bastante práctico.
En el Perú ya se están viendo señales interesantes:
Un especial de La República sobre economía circular lo resume bien: la clave está en dejar de ver los excedentes como pérdida y empezar a tratarlos como valor.
Y eso cambia completamente la lógica del negocio.
Si hay algo que juega a favor del Perú en esta conversación, es su biodiversidad.
No todos los países pueden decir que tienen acceso a una variedad tan amplia de insumos: granos andinos, frutas amazónicas, cultivos únicos. Eso abre la puerta a algo potente:
El problema no es la materia prima. Es qué tan bien la estamos aprovechando.
Y aquí viene la parte menos cómoda.
Gran parte del desperdicio en Perú no ocurre por falta de intención, sino por falta de condiciones:
Un artículo académico publicado en la revista Kawsaypacha de la Pontificia Universidad Católica del Perú lo menciona de forma bastante directa: aunque existen propuestas de economía circular, su implementación sigue siendo limitada frente a la magnitud del problema.
Es decir, sabemos qué hacer… pero todavía no lo hacemos a escala.
Algo interesante en el caso peruano es que la sostenibilidad no debería venderse solo como un tema ambiental.
Porque, en la práctica, reducir desperdicio significa:
Es eficiencia pura.
Y eso hace que la economía circular no sea solo “responsable”, sino también inteligente desde el negocio.
Perú tiene una paradoja bastante clara: produce mucho, pero pierde demasiado.
La buena noticia es que la solución no necesariamente pasa por producir más, sino por gestionar mejor lo que ya existe.
Y ahí es donde la sostenibilidad —bien aplicada— deja de ser discurso y se convierte en ventaja competitiva.
Fuentes consultadas